MITOS :“Por las calles violentas de la ciudad”

 

Sucedió en los años 80, en el bicentenario del nacimiento de Simón Bolívar, por ahí más o menos. La tarde del día que murió, hace 25 días con sus noches, un fanático, Wolfgang Lara, publicaba una foto en Facebook. “Esa foto que tengo con él fue en las afueras de Radio Difusora Venezuela, estaba presentando el segundo disco de Arkángel; en esa época, él, más, pero mucho más que una banda, era ‘el rock nacional’. Para mí fue referente cuando decidí adentrarme en el rock, él era el libro que tenía que leer para saber de todo. Me acuerdo que le presté unos acetatos de Kiss para un especial que hizo de la banda en 92.9…” y sigue. A quienes les apasiona el tema, hablar de Escalante les sacude un poco el mundo, mundo al que llegó Alfredo un 25 de diciembre de 1942. Llegó a La Pastora. Vivió en Italia y cuando regresó “sin medio en los bolsillos”, a decir de un músico amigo del locutor, “se puso a trabajar como bailarín en discotecas de la época enseñando pasos de baile que tenían que ver con el rock y el twist. Luego comienza a trabajar en la radio poniendo música con su hermano Cappy Donzella (precursor del rock en la radio venezolana) en Radio Capital por el año 1966”. Regresar así es lo mismo que regresar “sin un centavo”. Hay gente que no ha visto los medios, no sabe cómo son. Hay gente que no recuerda cómo era andar “sin medio” antes y creen que es igual a andar “sin un centavo” en esta época.

Alfredo Escalante empezaba su programa con esta frase: “Bien y entonces, tengan todas y todos muy buenas noches, gracias…”. Antes que cualquiera en este país, el locutor nombró a las mujeres que veían y/o escuchaban La música que sacudió al mundo. “Que las estrellas las guíen y los guíen hacia un nuevo amanecer”. Las saludaba al empezar y al terminar. Nos saludaba igual. Sabiéndose útil (más allá de lo superficial argumentativo para marcar distancia de la Revolución Bolivariana: “Antes de escuchar rock de rodillas, prefiero escuchar reggaetón en libertad”), Escalante siempre estuvo dispuesto a complacer, contestar, atender, abrazar, posar para una foto a cuanta desconocida y/o desconocido le abordase. En cualquier tarima y frente a cualquier hueste, Alfredo Escalante infundía el respeto necesario para escucharle con atención. Su voz aquietaba: siempre tuvo conciencia de ese poder. En los años 80, por ahí por el bicentenario de aquel nacimiento, ser joven y estar expuesto (y por lo tanto indefenso) a que un paco, o a dos o a tres les provocara darte unos coñazos antes de entrar a un concierto de rock era normal. Que lo hicieran, también. La arrechera que eso da también era normal. Pero en la radio, desde entonces y hasta hace poquito, una voz suave y segura ayudaba a olvidar sinsabores y hasta desamores. Antes de un concierto de rock, en medio de tanta adrenalina, escuchar y ver la voz del tipo que te acompañaba y calmaba la angustia era indispensable para el sosiego —si es que se puede llamar así— inolvidable y lleno de angustia que fue esa época, por ahí por el bicentenario del nacimiento aquel. Detrás de sus sempiternos y bien cuidados lentes oscuros, pudo notar que los de Freddie Mercury —quien le dijo, señalándole por hablar mientras la leyenda británica ensayaba: “Fuck you!”— estaban rayados.

POR GUSTAVO MERIDA
@GUSMERIDA1
ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

Extraido de: ciudadccs.info

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